
(Versos en la voz de un héroe olvidado)
Las lanzas se oxidaron,
las glorias se enturbiaron,
y el polvo del olvido cubrió mi nombre ayer.
Aquel que desafió los dragones,
las montañas, cordilleras y alturas,
no encontró otra cosa más
que otra montaña más alta
y un horizonte símil infinito.
Ahora llora en la sombra ingrata del desdén y el ayer que es hoy también.
La multitud voluble, ciega, alien,
que antaño me aclamaba,
hoy ignora mi rostro, mi hazaña y mi dolor.
Alegría más que inmensa
lograr sentirme más cerca de Sun Tzu.
La cicatriz que llevo, recuerdo de la batalla,
es burla del destino y mofa del traidor,
y sí que hubo traidores.
Me divirtieron mucho.
Sacaron de mí esa caja de Pandora.
¡Oh, dioses indiferentes, que juegan con los hombres!
¿Acaso Dios eres tan perverso,
tan cínico, tan infame.
Tan superpoderoso no sos.
Millones muertos sin un puto pan,
peor aún: un puto vaso de agua.
¿Por qué alzar al héroe si luego lo abatís?
Le dais la gloria efímera,
la copa que envenena,
y al final lo arrojáis al foso del olvido gris.
Basta de tan poca luz.
En este laberinto de angustia y desengaño,
donde el eco se pierde de mis lamentos vanos,
maldigo la hora en que,
con arrojo insano,
enfrenté a la bestia en los yermos desolados.
Sí, lo vi.
Cambia de rostros pero te muestra
verdades.
Que mi historia sirva de lección amarga:
la gloria es un espejismo,
la fama vil engaño.
El héroe que se eleva,
tarde o temprano,
cae en el abismo del olvido inhumano.
¡Suerte la mía no ser más
recordado por tan nefasta especie,
raza, maldición humana.
Ellos nunca me dejaron,
caninos imposibles,
buenos y más que fieles.
¿Cómo un ser puede ser tan generoso?
Gracias cuatro patas…
Gloria a roedores
que cumplieron mayor mandato
del Rey Dios.